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11/26/2006

Un Nuevo Poema de Jean-Joseph Rabearivelo Traducido

Rabearivelo


CEBÚ

Cupular cual las urbes de Imerina
ostensibles allá en las colinas
o talladas a piel de roca;
con giba igual a los hastiales
que esculpe sobre el suelo la luna,
ved al toro potente y púrpura
del color de su sangre.

Ha bebido en los bordes de los ríos,
pacido de los cáctus y las lilas;
vedlo ahí yacer frente a la yuca
ahíto aún del perfume de la tierra,
y delante de las pajas arroceras
que a sol y a sombra hieden violentas.

La tarde lo ha cavado todo
y ya no queda horizonte.
El toro ve un desierto que se extiende
hasta fronteras de la noche.
Son sus cuernos un creciente
que asciende.

Desierto, desierto,
desierto frente al toro potente
extraviado con la tarde
en el reino del silencio,
¿qué evocas tú en tu duermevela?
¿Esos otros sin corcova
que son rojos como el polvo
que su tránsito eleva,
dueños de despobladas tierras?
¿O sus ancestros, que cebaban los labriegos
y llevaban a las villas con jaeces frutales,
en holocausto para el Rey?

Brinca, muge,
él, que morirá sin gloria,
luego dormita de nuevo, aguarda,
siendo del paisaje la joroba.

11/19/2006

Dos Poemas de Jean-Joseph Rabearivelo Traducidos del Francés

Rabearivelo2

Jean-Joseph Rabearivelo (1901-1937) fue escritor malgache y es uno de los poetas africanos más fascinantes. Entre su lengua materna y el francés colonial, optó en poesía por la creación bilingüe, componiendo simultánea o sucesivamente sus piezas en ambas lenguas. Después de haber dado la vida, se quitó la suya a los treinta y seis años, dejando obra breve y turbadora. Los dos poemas a continuación están extraídos de su libro Presque-Songes.



LAS TRES AVES

De hierro el ave, la de acero
habiendo lacerado las nubes de la aurora
y ansiado estrellas
más allá del día
desciende arrepentida
a artificial guarida.
De carne el ave, la de plumas,
que labra un túnel en el viento
por llegar hasta la luna vista en sueño
entre espesuras,
cae, cuando cae la tarde,
a laberinto de follaje.
Y esa otra inmaterial, ésa,
que al guardián del cráneo hechiza
con su canto balbuciente,
alas resonantes abre luego
y por hacerse eterna nuevamente
a pacificar va los espacios.


ALTA FORESTA

No vengo a saquear los frutos
que tú en tus cimas imposibles brindas
al pueblo de los astros, la tribu de los vientos;
menos a arrancar tus flores, que nunca he visto,
por vestir o esconder acaso, vergüenza que ignoro alguna,
yo, hijo de las áridas colinas.

Pero me he acordado de pronto en mi último sueño
que estaba amarrada todavía con lianas de noche
la vieja piragua de las fábulas
que cada día mi infancia transportaba
de orillas nocturnas a orillas del alba,
del cabo de la luna al promontorio del día.

Remándola vengo, aquí a tu centro, vegetal montaña.
A interrogar he venido tu silencio absoluto,
por saber el lugar donde brotan los vientos
antes de abrir las alas, después manchadas,
manchadas por la hebra inmensa del desierto
y las trampas de villas habitadas.

¿Qué oigo yo, qué veo, oh alta foresta?
Sonidos perdidos que confluyen y se pierden de nuevo
como ríos subterráneos
cruzados por enormes aves ciegas
que se lleva la corriente apresurada
a enterrarlas en el cieno.

Es tu respirar, tu respirar profundo
y ya penoso como aquel del viejo
que remonta la cuesta del recuerdo
mientras baja la pendiente de sus días por cesar.
Tu respirar, y el de las aves incontables,
y el de las ramas pacidas por todo un mundo de apocalipsis.

Mas ¿qué puedo ver yo en tu noche sin color,
en tu noche más eterna que la muerte de los probos
y la vida de los míseros,
oh caverna de follaje con un extremo acaso al borde de los mares
y otro en el abismo del horizonte,
oh tú, semejante a un arco iris entre dos continentes?

No veré sino el sol que se debate
—jabalí alanceado en los bosques del azur—,
jabalí de luz atrapado en las redes poderosas
que tú tiendes entre los frutos maduros y las flores perdurables,
allá arriba, allá abajo, en el límite extremo
donde el genio de la tierra y la fuerza del árbol pueden reencontrarse.

Más tarde, sin embargo, cuando días incontables
cual tus hojas sucesivas hayan caído ya en la eternidad
y las séptuples noches tupido siete veces —más— la noche de los tiempos,
mientras pueda recoger en flor amaneceres
en la copa del tallo cercenado de ocasos,
guardaré el recuerdo siempre de tu silencio y claridad extraños.

Serán como guijarros arrojados a la arena
que un viejo marinero recupera
y se lleva a casa, y allí los pone junto a la concha
de una prao en miniatura
comprada en isla lejana que sólo el sueño habita,
mas con cabañas orillando el mar.

Serán más bien bolas de ébano,
de madera de rosa u otra esencia preciosa
que pondré sobre mi mesa
donde tu recuerdo las esculpa paciente
para hacer fetiches con ojos de vidrio,
fetiches silenciosos en medio de mis libros.

11/05/2006

Biafra en el Diario de Guerra de Elechi Amadi

Elechiamadi

Después de cerca de cien años de interés en, influencia sobre y, posteriormente, protectorado y colonización del vasto y heteróclito territorio que acabaría siendo denominado Nigeria a propuesta de la periodista inglesa Flora Louisa Shaw, los británicos dieron la indepencia a este conglomerado nacional en 1960. Tres etnias mayoritarias y poco concertadas -los Hausa musulmanes al norte, reacios a la independencia y con una estructura sociopolítica de tipo feudal; los yoruba al oeste y los ibo (o igbo) al este, más radicales en su ansia independentista, más europeizados en su educación, cristianizados hasta cierto punto pero con una tradición pagana sofisticada y vigente-, amén de otros muchos pueblos minoritarios con sus lenguas diversas y sus múltiples tradiciones sociorreligiosas, heredaban desde entonces un destino nacional común y la carga impuesta de construir una nación demócratica moderna, según el modelo de la potencia colonial en (aparente) retirada. Sin embargo, lo cierto era que el sistema tribal tradicional no se había trascendido por vía de una evolución gradual, natural e irreversible, sino que sólo se había descompuesto a medias y deformado peligrosamente bajo el choque entre las culturas tradicional y colonial, viéndose forzado luego, bajo la presión del poder exógeno, a vestir el detrito resultante -aquella imposible amalgama- con los ropajes de una artificiosa entidad nacional.

Los británicos, al irse, legaron el poder de manera fraudulenta al Norte, que proporcionó a la recién instituida nación una clase política dominante corrupta y mafiosa, pero favorable a los intereses económicos y políticos en la región de la tutelar Britania. Así, el 15 de Enero de 1966, el golpe de Estado de un grupo de oficiales rebeldes acabó con la vida de varios políticos y militares del Norte y del Oeste; el consejo de ministros se vio obligado a ceder el poder al general Aguiyi-Ironsi, que nombró gobernadores militares para cada una de las regiones -entre ellos al Teniente Coronel Odumegwu Ojukwu, que lideraría la secesión del Este- y aceptó la rendición de los oficiales rebeldes a cambio de una amnistía general. Con este abrupto cambio en las áreas de mando, los ibos quedaban como fuerza política y militar dominante. El 29 de Julio del mismo año, sin embargo, llegó el contragolpe: el general Ironsi fue asesinado y el Teniente Coronel Yakubu Gowon (posteriormente General) tomó las riendas del poder federal devolviendo el predomino al Norte. Entre Julio y Septiembre, se produjeron fuertes disturbios en la región septentrional que desembocarían en los brutales asesinatos y mutilaciones de los ibos residentes allí, forzados de este modo a abandonarlo todo y a volver al sureste en trenes improvisados y atestados de auténticas ruinas humanas. Quizá más que ninguno anteriormente, este hecho reforzó las líneas de demarcación tribal erizándolas de una hostilidad sin precedentes.

Ntieyong U. Akpan, que fuera jefe de gabinete del secesionista Ojukwu, describe así en su imprescindible The Struggle For Secession 1966-1970: A Personal Account of the Nigerian Civil War la llegada de esos trenes a Enugu, capital del Este. "The military and civilian killings of Nigerians by Nigerians in 1966 constituted (apart from the civil war) the worst tragedy for this country. There was no human being with a soul, blood and life, who saw but was not revolted at what happened. And this was true even of the Northerners resident in the East. I have never been able to forget the shock I received when I went down to the railway station one evening early in October 1966 to meet a friend coming from Port Harcourt. Before the arrival of the Port Harcourt train, a train from the North carrying refugees had pulled into the station. What came out of that train is beyond description. Some got out with severed limbs, others with broken heads. But the most chilling sight was a woman who came out completely naked, clutching in her hand the head of her child killed in the North. This particular sight aroused the crowds standing in the station to a frenzy. They began to beat up all the Northerners within sight and rampaged through the entire town of Enugu, attacking Northerners, and destroying and looting their property. The hostility spread to Port Harcourt and Aba. [...] It was later reported that a subsequent train to Enugu carried a coach full of headless bodies. The story was that the train had been stopped at Oturkpo and the male passengers called out and beheaded. The heads were taken, it was reported, and bodies sent down as 'presents to Ojukwu'. [...] I cannot personally confirm or deny this story, but it was told to me by very responsible persons as an eye-witness account" (pg. xii).

Ojukwu Desde ese momento, y sin duda reforzado por el descubrimiento de grandes reservas petrolíferas en el Este, el impulso separatista de la región oriental de Nigeria cobró una fuerza creciente, que no pudieron contrarrestar las negociaciones al más alto nivel entre los primeros mandatarios federales y el gobernador militar del Este, el Coronel Ojukwu y su entorno. El 30 de Mayo de 1967 Ojukwu declaró la independencia del territorio oriental bajo el nombre de República de Biafra, desencadenando una guerra que duraría tres años y que tendría consecuencias devastadoras.

Gowon_vs_ojukwu Hay muchas crónicas, estudios y relatos de este periodo traumático de la historia nigeriana, desde el citado libro de Akpan, escrito desde la informada pero distante perspectiva que otorga el haber formado parte de la cúpula del poder en Biafra y en un tono que pretende (y quizá consigue) cierta objetividad, hasta la ya visitada novela Sozaboy de Ken Saro-Wiwa, o las múltiples referencias de Soyinka, a lo largo de toda su obra, a las causas, circunstancias y consecuencias de este trauma nacional, que a él mismo le costó la cárcel, en territorio de la Federación, por su decidida oposición a la guerra y su activismo en contra de la venta de armas a ninguno de los dos bandos. Pero la obra Sunset in Biafra de Elechi Amadi -autor por otra parte de novelas como The Concubine (1966), The Great Ponds (1969), The Slave (1978) y Estrangement (1986), además de poeta, ensayista y dramaturgo- resulta especialmente interesante por la doble condición de Amadi como capitán retirado del ejército federal y miembro de la minoría ikwere de la recién proclamada República de Biafra.

Biafrasoldier Mientras el gran poeta nigeriano de etnia ibo, Christopher Okigbo, abrazaría con pasión la causa biafreña y moriría con treinta y cinco años en la batalla de Nsukka, ostentando el rango de mayor y, según nos cuenta Soyinka, cantando el "¡No pasarán!" de los republicanos españoles, Amadi no apoyó la secesión en absoluto. Como nativo ikwere del estado sudoccidental de Biafra, Rivers State, toda la fuerza de la represión ibo cayó sobre él desde el principio de aquella artificiosa y precaria independencia. Los ibo, etnia dominante en el Este sobre las minorías efik, ibibio, annang, ogoja y ekoi del Estado sudoriental, así como sobre las tribus ijaw, kalabari, okrika, ogoni, etche, ekpeye, engenni, abua, ogba, egbema e ikwere de Rivers State, no ocultaron en ningún momento su desconfianza respecto de todos estos pueblos marginales, a los que trataron desde el principio no sólo como alienígenas sino como potenciales amenazas contra la pretendida homogeneidad de Biafra, cuando no directamente como "sabos" (saboteadores) a las órdenes del enemigo federalista.

Biafra2horrores Paul Theroux, en su prólogo a los Collected Poems de Christopher Okigbo, escribe: "... what was Nigeria? It was a jumble of alienated regions. Okigbo would have jeered at the way the country's name had been coined in a despatch by a British woman journalist in 1897. But Biafra was Igboland: one language, one culture, one people. There was every reason for it to exist as a sovereign state. Okigbo did not care for politics, but he was greatly attached to the past and very certain of his identity". Pero nada más lejos de la verdad en esa idealizada ecuación de Okigbo/Theroux cuando se contempla el mapa de la Nigeria oriental bajo una luz que resalte los relieves de la diversidad étnica y lingüística en lugar de aplastarlos con el característico chorro de luz sublimada hasta la indistinción.

El diario de guerra de Amadi empieza, paradójicamente, con su abandono del ejército, en el que ostentaba el rango de capitán. Amadi quiere retornar a la enseñanza, a la literatura... Estaba por entonces acuartelado en la ciudad norteña de Zaria y la efusión lírica que le inspira la belleza de aquel paisaje, y que por contraste le lleva a pensar en la pequeñez y miseria humanas, no deja de tener mucho de profético en lo que respecta a los años que acechan al futuro del propio autor: "Against the background of the hills and the wide plains, the frailty and insignificance of man are revealed in stunning perspective. His cares and passions become ridiculous, his most purposeful activities a mere dance in the silence of space -a mad, futile, purposeless dance without spectators. At night, against the dome of stars, the earth itself becomes a ball of dirt, and man the pitiful fungus growing on it.
           Sitting on one of these hillocks I once wrote a poem on Man which ended thus:

He knows he is a clown,
The biggest joke in the galaxy,
The stars wink in amusement
The planets roll in contempt...
Where will he go,
This freak of creation?
Cursed by other creatures, twice cursed by himself,
Perhaps he will walk the planets,
Like Cain,
A vagabond,
Until his inner fires consume him."

Amadi deja el ejército una semana antes del golpe de Estado que acaba proyectando al poder al general Aguiyi-Ironsi y, de vuelta a su patria chica, Rivers State, empieza a observar y a sufrir en carne propia la secuencia de eventos que empuja obstinadamente la historia hacia la guerra civil. Biafra improvisa unas fuerzas armadas tan descoordinadas entre sí que no comparten información y que incluso acabarían luchando abiertamente unas contra otras. "The Civil Defence, Militia, Military Police, Special Task Force and the Army itself had different arrangements for apprehending suspects. A person arrested by, say, the civil defence, and subjected to days of torture for having strange tribal marks, could be rearrested by the militia immediately after his release for the same reason. [...] In fact during the civil war a stage was reached when the militia and the army fought each other openly". Esta circunstancia queda agravada por el hecho de que cualquier nuevo recluta provisto de uniforme y arma de fuego se siente tan por encima de la población civil como un dios y se reafirma en esa novedosa y elevada condición infligiendo a los desprotegidos cualquier vejación que se le pase por su henchida cabeza: "No one was safe. Rebel troops took the law into their hands and carried out personal vendettas."

Biafrasoldier2 En Febrero de 1966 Amadi es detenido por primera vez, apresado en condiciones relativamente soportables y soltado al cabo de poco tiempo por la intervención de personas influyentes. En Abril del 68, Amadi es testigo de una atrocidad que le hace escribir: "For me this incident was easily the most harrowing in the entire war. It brought out the horrors of war in their full nakedness. From that point onwards the life of anyone who openly opposed the secessionist was not worth much." Alrededor de doscientos aldeanos de la zona de los ríos han sido masacrados por las tropas rebeldes y arrojados al agua para fingir, a efectos propagandísticos, una gran victoria sobre los federales que, supuestamente, habrían intentado una incursión por agua en territorio biafreño. Poco después, Amadi, que lleva vida de fugitivo, es capturado por segunda vez y encerrado en condiciones monstruosas. Entre las actividades que satisfacen el sadismo de algunos de sus carceleros está la de obligar a una mujer y a su hija pequeña, ambas presas por su pertenencia a una etnia no ibo, a revolcarse en el suelo de un retrete donde antes se ha forzado a orinar a todo el resto de los presos. Tras padecer humillaciones incontables, Amadi descubre por un guardián particularmente humanitario que se puede abandonar el centro de detención por un sencillo pago de dinero al oficial encargado de las interrogaciones. El pago resulta no ser tan sencillo, sin embargo, y puesto que Amadi carece de dinero suficiente para sobornar a toda la cadena de oficiales corruptos de los que depende su puesta en libertad, firma un cheque sin fondos con la idea de ser acusado de soborno por sus corruptos carceleros y transferido a la policía de Port Hartcourt, donde no sólo tendrá la oportunidad de sobrevivir, sino también de denunciar lo que ocurre en las cárceles. Gracias a esta estratagema, y con la liberación de Port Hartcourt por las tropas federales, le llega a Amadi su propia salvación.

Biafra3 Tras un breve periodo de recuperación física y anímica, Amadi se reengancha al ejército nigeriano y desempeña desde entonces diversas labores de reorganización en las zonas liberadas, así como de atención a los refugiados. El hecho de que, tal como describe nuestro autor, un capitán del ejército nigeriano no esté a salvo ni siquiera de sus propios subordinados, si no se deja escoltar por un pelotón armado de soldados fieles, pone de manifiesto, quizá más que ninguna otra circunstancia en esta guerra brutal, la naturaleza humana cuando el caos circunstante libera al hombre de toda restricción y un arma en las manos le hace creerse dueño de un poder sin límites. El libro termina, sin embargo, con la nota positiva del reencuentro de Amadi y su familia, a la que creyera irremisiblemente perdida tras las líneas secesionistas.

April 2008

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