Chinua Achebe
La importancia de Soyinka en el ámbito yoruba de la literatura nigeriana, la tiene Chinua Achebe (Albert Chinualumogu Achebe, nacido en Ogidi en 1930) en el contexto ibo, sin que esta parcelación etnográfica contradiga en absoluto la categoría de ambos nigerianos como escritores de talla universal. Entre otras obras ensayísticas, poéticas y cuentos infantiles, Achebe es el autor de cinco novelas que recorren los males y los valores del África colonial y postcolonial o, mejor, de esa porción del África de la que Achebe es originario y que fue joya de la corona del colonialismo británico en África. En su primera novela Things Fall Apart (1958), el hombre blanco es todavía un alienígena espectral para Okonkwo, el protagonista de la historia, y sus coterráneos. Okonkwo constituye una elevada manifestación de los valores de la sociedad tradicional africana y, en el seguimiento de la vida y las hazañas cotidianas de esta figura, el lector halla no pocas cosas que admirar. Todo se precipita hacia el desastre, sin embargo, cuando Okonkwo mata por accidente a un hombre de su misma tribu y, tras el exilio, retorna a su aldea para encontrar su mundo invadido por los misioneros y oficiales coloniales del invasor blanco. En medio del choque brutal de las dos culturas y la vertiginosa desestructuración de los valores de la más débil de las dos, una figura como Okonkwo queda irremediablemente condenada a la autoaniquilación.
No Longer At Ease (1960) desciende por el río de la sangre y de la historia hasta el nieto del noble y trágico Okonkwo, pero el tema ahora es la corrupción administrativa en el alba de la independencia nigeriana. Obi Okonkwo pertenece a esa generación africana educada en Inglaterra para formar la élite del servicio civil de su país, la que deberá heredar el timón gubernativo cuando la potencia europea dé por terminada su "misión" instructora. La sociedad a la que vuelve Obi tras su educación en la metrópolis, sin embargo, no es en absoluto una comunidad en la que la que los viejos valores (los "primitivos") hayan sido universalmente descartados en aras de otros "racionales", "eficientes", "civilizados" y "progresivos": es un espacio de caos en fermento, en el que la marea en retroceso de la invasión europea está abandonando los residuos tecnológicos e ideológicos de su descalabrante visita en medio de una comunidad desarticulada, forzada a pasar en el curso de unos pocos años del estado tribal al de una nación moderna, de acuerdo con el concepto de progreso del invasor blanco.
Bajo el palio unificador del inglés importado, que debería dar cierta unidad lingüística a un territorio rico en lenguas tribales mutuamente incomprensibles, las lenguas se fracturan y fracturan al mismo inglés en un caleidoscopio de formas dialectales híbridas; la tecnología importada choca con una mentalidad pre- o atecnológica; la educación colonial de las nuevas generaciones las separa abismalmente de sus mayores o de sus compatriotas no educados; la acelerada destribalización de la sociedad africana ancestral corroe los viejos, estrechos y estrictos vínculos comunitarios sin proporcionar a cambio más que un individualismo y un materialismo indigestos, pero sin ser capaz tampoco de extinguir los recíprocos odios, rencores y suspicacias tribales; el complejo de inferioridad del negro frente al blanco, meticulosamente cultivado por el invasor, se transforma en el alba de la independencia en anhelo de imitar lo peor de aquél y redimirse de la opresión sufrida por medio de la opresión ejercida a partir de ahora desde el poder heredado... En este estado de desestructuración general, la sinergia que requiere el desarrollo de un proyecto nacional coherente es inviable: muy al contrario, cualquier puesto administrativo se convierte de forma casi automática en la plataforma para cultivar y satisfacer el más crudo de los egoísmos. A diferencia del protagonista sin nombre de The Beautyful Ones Are Not Yet Born, Obi Okonkwo no consigue mantener la intachabilidad moral para la que se había preparado: las circunstancias sociales que lo rodean lo sumergen, con espirales cada vez más pronuciadas, en la común corrupción.
En No Longer At Ease Achebe introduce ya el pidgin nigeriano en boca popular y en las novelas posteriores irá modulándolo en tonos cada vez más musicales y atrayentes, en especial para el amante de estas hibridaciones filológicas. Los registros lingüísticos a partir de ahí serán tres: el inglés pulcro de las clases instruidas, el pidgin de las clases populares y de los personajes educados cuando hablan con la gente del pueblo, y las lenguas africanas (en concreto, el igbo de la Nigeria oriental) vertidas, en las novelas de Achebe, a través de un inglés transparente, proporcionado a la mentalidad tradicional y saturado de los clásicos proverbios que parecen conformar el prefabricado andamiaje reflexivo de esa mentalidad.
La tercera de las novelas de Achebe es The Arrow of God (1964), en la que el autor se remonta de nuevo en el tiempo al centro de la era colonial y, en concreto, a ese periodo en que los británicos están implantando, en las áreas rurales todavía no destribalizadas, su sistema de gobierno indirecto, que distinguió el carácter de su colonialismo del de sus vecinos franceses. "La flecha de Dios" es Ezeulu, el sacerdote del dios Ulu en una aldea ibo, que asiste a la progresiva descomposición de su mundo con dignidad de gigante, pero también con la contumacia e intransigencia de un titán condenado a la extinción. El foco narrativo se desplaza alternativamente del ámbito ibo tribal al contexto colonial británico: en el primero, ocurren las peripecias, quehaceres, esperanzas y temores de Ezeulu y su vasta familia; en el segundo, tienen lugar las acciones y, sobre todo, opiniones del capitán Winterbottom y su subordinado Tony Clarke, responsables administrativos de la región. Los dos espacios chocan cuando el capitán decide convertir a Ezeulu en reyezuelo de los ibo, de acuerdo con la política de gobierno indirecto. Witerbottom, más admirador del colonialismo francés que el del británico tras comprobar la opresión que ejercen sobre sus propios paisanos los reyezuelos recién instituidos como intermediarios entre la potencia invasora y las sociedades tribales, ha escogido a Ezeulu por su rectitud moral y perceptible integridad. Ezeulu, sin embargo, rechaza el "honor", cosa que los oficiales blancos consideran insultante y que desencadena una serie de malentendidos entre el representante de la tradición ibo y los nuevos gobernantes. Ezeulu, encerrado por los británicos en lo que constituye una afrenta inconmensurable contra el sacerdote del dios ancestral, retornará posteriormente a la aldea con el sentimiento de que los suyos lo han abandonado en su lucha silenciosa contra el blanco. Deseando reafirmar su autoridad, se niega a realizar los ritos de la cosecha propios de la estación. La hambruna así provocada azota al pueblo, pero la súbita muerte del hijo mayor de Ezeulu, fácilmente interpretable como un castigo divino, lo precipita a su propia aniquilación. Su misma actitud al obstruir, en lugar de propiciar, la comunión del dios y su pueblo ha impulsado a los ibo a buscar la protección del dios de los blancos; con la destrucción del sacerdote, la victoria del dios cristiano es completa.
En A Man of the People (1966), su cuarta novela, Achebe vuelve a proyectarse hacia adelante en el tiempo, al periodo de la recién adquirida independencia nigeriana, que fue proclamada en 1960. La historia está narrada desde dentro por Odili, un joven profesor en un colegio rural que primero queda cautivado por su antiguo maestro y actual Ministro de Cultura -el Honorable Mr. Nanga-, se instala con él en la capital aceptándolo como mentor y finalmente se enfrenta a él en lo humano y lo político. A Man of the People introduce el elemento de sátira en la literatura de Achebe. La voz narrativa se vuelve profundamente antipática cuando se percibe que el conflicto de Odili con Nanga no tiene una causa ideológica, sino el mero rencor del joven contra su poderoso mentor por sentir que éste le ha robado a su amante. La antipatía contra Odili crece a lo largo de la lectura al observar su patético modo de confrontar al oponente político, tratando a su vez de hurtar a la nueva esposa del polígamo Nanga y sembrando cizaña entre éste y su primera mujer. La manera en que Odili se pone en ridículo a sí mismo recuerda en ocasiones al hombre del subsuelo dostoyevskiano: si los Odili son la alternativa a los Nanga de África, el continente negro está sin duda condenado. La novela fue presciente, sin embargo, en su desenlace al describir un golpe de Estado contra el gobierno corrupto del que Nanga formaba parte y que tuvo lugar realmente en Nigeria escasas semanas después de la publicación de la novela. Tanto así que el nuevo regimen militar, surgido tras el golpe fallido contra el gobierno federal nigeriano, que se había saldado con la muerte del Primer Ministro Abubakar Tafawa Balewa, creyó a Achebe cómplice de la conspiración y éste se vio forzado a huir con su familia a la Nigeria oriental (proclamada, poco después, República Independiente de Biafra) para eludir las represalias.
Pasaron veintiún años antes de que Achebe escribiese su quinta y hasta ahora última novela. Anthills of the Savannah (1987) se sitúa en el imaginario estado de Kangan, a pocos años de su independencia y tras un golpe militar que ha proyectado a Sam a la Presidencia. Sam, Chris (el Ministro de Información) e Ikem (el editor de la National Gazette) constituyen un trío de excompañeros de colegio pertenecientes a esa generación de africanos educados en -o por- la metrópolis. La historia arranca con los tres personajes -el endiosado Sam, el acomodaticio Chris y el íntegro Ikem- en la cima de sus respectivas áreas de poder y sigue el proceso de su inevitable confrontación y destrucción recíproca. Irónicamente, en la extinción de estas tres figuras que fueran la esperanza de Kangan reside la auténtica esperanza de supervivencia y desarrollo de Kangan: mientras Sam se ha convertido en un obstáculo para el bien nacional que debe ser suprimido, Chris e Ikem siembran con sus muertes, respectivamente, el Modelo y la Idea a seguir.
Anthills of the Savannah es sin duda la más madura y compleja de las novelas de Achebe. Aunque arranca en un tono que en cierto modo recuerda el registro satírico de A Man of the People, ésta no es una novela sarcástica, sino una historia dramática que se desliza poco a poco hacia la tragedia para desembocar, a través de ella, en una apoteosis de esperanza. El testigo de la voz narrativa dominante, externa y omnisciente, lo toman en contadas ocasiones tres de los personajes centrales de la historia -Ikem, Chris y Beatrice, la novia de este último- en lo que constituye una radiografía anímica desde dentro. La diagnosis de los problemas del África postcolonial, realizada sobre todo a través de la voz de Ikem, es lúcida y autocrítica: la causa inmediata del estado general de descomposición no es el imperialismo europeo, por más que éste sea un factor de importancia entre los que la han propiciado, sino los propios africanos. La solución pasa por una actitud regenerada que permita restablecer a un nuevo nivel de manifestación y operación los vínculos colectivos que la colisión de civilizaciones ha destruido: "The prime failure of this government began also to take on a clearer meaning for him [Ikem]. It can't be the massive corruption though its scale and pervasiveness are truly intolerable; it isn't the subservience to foreign manipulation, degrading as it is; it isn't even this second-class, hand-me-down capitalism, ludicrous and doomed; nor is the damnable shooting of striking railway-workers and demonstrating students and the destruction and banning thereafter of independent unions and cooperatives. It is the failure of our rulers to re-establish vital inner links with the poor and dispossessed of this country, with the bruised heart that throbs painfully at the core of the nation's being." No es extraño, pues, que tal apoteosis final de esperanza se exprese mediante la consolidación de ese grupo heteróclito formado por personas vinculadas afectivamente, de uno u otro modo, a los extintos Chris e Ikem, en la ceremonia de dar nombre a la hija póstuma de este último. Beatrice, funcionaria de la antigua Administración y novia de Chris, el capitán de policía Abdul, el estudiante Emmanuel, Elewa, la muchacha del pueblo, amante de Ikem y madre de su hija, el tío y la madre de Elewa, representantes del África tradicional abierta al cambio, Agatha, la criada de Beatrice, el taxista Braimoh, Adamma, la amiga de Emmanuel, y Ama, la niña recién nacida, constituyen un nuevo tipo de "familia" unida por el espíritu de renovación inspirado en Chris y en Ikem. La misma ceremonia realizada en honor de la niña supone una ruptura flagrante y deliberada con la tradición, puesto que la cría recibe un nombre masculino y el nombre se lo otorga una mujer (Beatrice) en lugar de un varón, como prescribe la costumbre ancestral. Tal ruptura no sólo es celebrada por esta nueva forma de familia, sino sancionada también por el tío de Elewa, un viejo médico-brujo. La nueva solidaridad establecida no se funda así en prefabricados vínculos de clase o tribales, y en ella la mujer se eleva al merecido protagonismo y liderazgo que le negara la vieja historia africana.


