El Emperador Shaka en las Épicas de Mofolo y Kunene
No es, precisamente, la conclusión idealista de Ayi Kwei Armah en Two Thousand Seasons la que uno extrae de otro contexto épico africano: el que rodea a la figura del emperador Shaka, el arquitecto de la nación zulú. Dos Shakas considerablemente distintos surgen de las dos épicas clásicas que tratan de este rey guerrero: la de Thomas Mofolo (Chaka) y la de Mazisi Kunene (Emperor Shaka the Great). Mofolo (Khogane, Basutoland, 1876 - Teyateyaneng, 1948) escribe en lenguaje sesotho a principios del siglo pasado; su obra, concluida hacia 1909 ó 1910, no se publica hasta 1925 y se traduce posteriormente al inglés en dos ocasiones: Dutton lo hace en 1931 y Daniel P. Kunene en 1981. M. Kunene (Durban, 1930-2006) compone su épica en la segunda mitad del XX, escribe en verso, en lengua zulú, y se traduce luego a sí mismo al inglés en una forma tramposamente versificada; pero la versión que primero ve la luz no es la original, sino la traducida, en 1979. Como figura literaria, el Shaka más interesante es el Chaka de Mofolo. Como figura histórica, quizá el Shaka de Kunene esté más cerca de la realidad... aunque la cosa es discutible, si se contrasta el personaje altamente idealizado de Kunene con el Shaka histórico que surge de las páginas de, por ejemplo, The Washing of the Spears: The Rise and Fall of the Zulu Nation, de Donald R. Morris (1965), una de las obras cumbre sobre este periodo y escrita con el oficio y la maestría del mejor narrador.
El Shaka histórico nació hacia 1787. Hijo del rey zulú Senzangakona y la princesa Nandi, sufrió el rechazo de su padre desde el nacimiento y, en cuanto tuvo la edad suficiente, entró al servicio del rey de los mtetwas, Dingiswayo, de quien los zulús eran un clan vasallo de ínfima categoría. Dotado de un físico poderoso y de insólitas capacidades estratégicas, Shaka alcanzó muy pronto fama y mando en los regimientos de Dingiswayo y se ganó la confianza y amistad de este rey, que se aseguró de que Shaka gobernase a los zulús a la muerte de su padre. De un ejército de 350 hombres y un territorio de cerca de 100 millas cuadradas al comienzo de su reinado en 1816, Shaka acabó dominando directa o indirectamente la mayor parte de Sudáfrica mediante una devastadora maquinaria militar de 70.000 hombres. Creció por conquista y asimilación, sometió y gobernó por el terror y, en el último periodo de su vida, el ejercicio de su capricho divino se desbordó más allá de toda posibilidad de contención manifestándose en la forma de brutales masacres y atrocidades gratuitamente crueles. Una conspiración cortesana encabezada por su hermano Dingane acabó con su tiranía en 1828. A su muerte, Shaka dejó irrecuperablemente destruida la tradicional estructura de clanes de la sociedad bantú. Sus campañas guerreras por la franja costera de la Sudáfrica oriental provocaron una reacción en cadena por la que, uno tras otro, los clanes vencidos y despojados de tierras y ganado se veían forzados a saquear otros clanes más débiles, hasta que sólo los restos de todos ellos, refugiados en el interior de la selva, lograron sobrevivir recurriendo a menudo al canibalismo.
Mofolo explora las profundidades de este horror y lo hace bien, con gran consistencia psicológica y con calculado suspense narrativo. Describe la serie de decisiones morales que, en palabras del autor, acaban por despojar a Chaka de su último destello de humanidad: entre éstas, el frío asesinato de su amante Noliwa a cambio del poder que le ha prometido el brujo Isanusi y el parricido de Nandi en una reedición del crimen previo. Sin embargo, el Chaka de Mofolo no es ni un sádico ni un mero asesino oportunista: tiene las proporciones metafísicas de un avatar del horror (algo así como el coronel Kurtz de Apocalypse Now), cuya personalidad humana tratase de liberarse de todo miedo y neutralizar el terror que habita en lo profundo de sí mismo bañándose en un paroxismo de atrocidades apocalípticas. Cuando Isanusi pregunta a Chaka si está dispuesto a sacrificar a Noliwa con sus propias manos a cambio de la realeza y Chaka le responde que sí, el brujo concluye: "Through Noliwa's Death many things will be revealed to you, and even if you are not aware of them in the beginning, that awareness will come with time; you will even come to know that there is no death, there is no dying. When a person is said to have died, he is not dead, he is merely transformed, the breath of life having left this covering of flesh and migrated to another land which shines more gloriously than the sun, and he goes and lives there exactly as he had done before". Esta revelación de la irrealidad de la muerte por -y en- el acto mismo de causarla, inevitablemente nos recuerda el episodio central del Mahabharata que dio lugar al Bhagavad Gita, en el que Krishna incita a Arjuna a destruir a todos sus parientes en el frente contrario. Al final, la carrera de Chaka se nos muestra en la obra de Mofolo como una especie de pacto mefistofélico entre el monarca zulú e Isanusi por el que el primero entrega su alma a cambio del poder terrenal y una peculiar versión del conocimiento supraterrestre. Justo antes de morir atravesado por las lanzas de los conspiradores, Chaka tiene una visión de Noliwa: "...and she was in that same hut where he killed her, and he also heard her voice as she uttered those last words: 'Chaka, my beloved, you who are now my father, you who are Jobe, you who are Dingiswayo, you...!' And when he heard those words and even saw Noliwa's face, his head swam, and his entire body was bathed in sweat. He now understood Isanusi's words much more clearly than when he first heard them, as he said to him: 'At this very moment your name has entered among those of the kings of my home, and the highest among them, besides'." Y cuando las lanzas atraviesan el estómago del monarca, dice el narrador: "[...] at that very moment Isanusi appeared before Chaka to demand his reward."
Comparado con el de Mofolo, el afán de M. Kunene parece más ideológico que literario. Su empeño consiste en presentar o construir una figura principal con la que pueda identificarse la gran nación zulú, un pasado del que pueda sentirse orgullosa y en cuyas semillas encuentre vastas razones de esperanza futura. Kunene bebe de las mismas fuentes históricas que Morris, si no del mismo Morris: más de un episodio en Emperor Shaka the Great sigue una idéntica concatenación de eventos y es muy próximo en el tono a las crónicas de los primeros colonos ingleses en Port Natal, Nathaniel Isaacs y Henry Francis Fynn, citados por Morris. Sin embargo, Kunene, mientras subraya el aspecto más atractivo de Shaka, su carisma, su creatividad militar, su capacidad organizativa, coraje espartano y poderosa individualidad, trata de camuflar, mitigar o sobreseer su lado más devastador. El resultado es un personaje un tanto contradictorio, tolerante hasta lo incomprensible con sus hermanos conspiradores, pero sanguinario con los clanes que no han guardado las durísimas condiciones de duelo impuestas tras el fallecimiento de su madre Nandi, a los que masacra sin piedad. Este Shaka recuerda a los davides y salomones de la Biblia, admirables por sus logros, pero detestables por sus desenfrenados caprichos que a menudo resultaban letales para los demás. En la encrucijada de esta contradicción está la obsesión de Shaka con la muerte, su horror ante la idea de la pérdida de los seres queridos. Manía esta que le sirve a Kunene para explicar, y hasta cierto punto justificar, el grotesco episodio histórico en el que Shaka incurrió al presionar a los colonos blancos para que le trajesen de Inglaterra cierta loción de pelo que devolvía a las canas su color original y que el monarca zulú se empecinaba en tomar por un elixir de la inmortalidad.
Desgraciadamente no leo zulú, así que he tenido que contentarme con la versión inglesa de la obra realizada por el propio Kunene. La he llamado "tramposamente versificada" porque su formato poético no consiste sino en la mera disposición en líneas separadas de frases u oraciones sin que ello corresponda a ninguna necesidad rítmica interna (o de sentido) ni externa (o de sonido). Sin embargo, esta versión no está exenta de interés ni de una belleza, a menudo intensa, que tiene el sabor de lo austero y lo desconocido. Véase por ejemplo el siguiente episodio del atentado contra Shaka por medio de los encantos de una mujer, con qué palabras tan hermosas se le entrega esta Dalila y la fina psicología en la reacción del monarca traicionado:
She danced, but there was no music.
She said: 'Here is your world, my lord.
Walk over it and enter it with beautiful fantasies.
Put in it your dreams that I may dream them alone.
Let them link us together, driving away the unpleasant ones.
The sad ones shall be devoured by the happy ones.
Make me praise myself secretly
And say: "I, daugther of the happy one, I give only joy.
I am infinite with joys for my king."
I shall boast to the whole earth and to all creatures
And tell them my lord gave me the name Mother-of-Joy.'
As she spoke she came close to him.
Her whole chest flourished with her breasts.
Shaka forgot the thoughts that had occupied his mind;
A madness of the beautiful night overtook him.
It carried him away to let him play like a child,
To make him see their bodies walking round a hill.
There is a moment in childish fantasies
When each one goes in search of the beginning,
Wandering where plants are young and beautiful.
Thus, too, was the dream brought to them by life.
But the codes of our House forbid me say any more...
Only commoners reveal these things.
When they sat basking in the rays of their joys
Shaka cast his eyes everywhere, still searching for shadows.
He saw the glimmering, sharp point of a spear.
It was then that Shaka was at peace,
For often doubt and uncertainty unsettle the mind;
A wise man rests only when he has discovered the truth.
Para Ayi Kwei Armah, que espera el surgimiento de una África digna, the Beautyful (sic) Ones "are not yet born"; Kunene, que mira al pasado zulú con reverencia, se pregunta "Where are they? Where are the Beautiful Ones?/ Where is Nandi of Nguga?/ Where is Shaka, the great son of Senzangakhona?/ Where is the gentle Princess Nomchoba?/ Where are all those who have nourished our nation?" Ominosamente, le hace responder a Shaka unas decenas de páginas después: "The Beautiful Ones lie in the grave".

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